
Descubra las fallas por lubricación más comunes y cómo prevenirlas con un plan técnico, monitoreo continuo y análisis de aceite.
Las fallas por lubricación inadecuada todavía se relegan a un segundo plano en muchas plantas industriales, a pesar de tener un impacto directo en la eficiencia de los activos.
Cuando la lubricación no cuenta con un control técnico adecuado, pequeñas desviaciones en la aplicación, la frecuencia, la cantidad o la condición del lubricante pueden evolucionar en desgaste físico, pérdida de desempeño y paradas no programadas.
La sublubricación, sobrelubricación, contaminación, el uso de un lubricante inadecuado y la degradación del producto son los modos de falla más comunes, y cada uno deja un rastro diferente de señales en el área de producción.
Cruzar este rastro con el análisis de aceite, el monitoreo de condición, la inspección de los componentes y el historial de rutas es lo que permite estructurar el diagnóstico de fallas en rodamientos y ajustar el plan de lubricación antes de que el problema evolucione hacia una parada no programada.
Las fallas por lubricación inadecuada tienen un peso relevante en el mantenimiento industrial y, en los rodamientos, su impacto suele ser aún mayor.
Según un artículo de la revista Machinery Lubrication, las fallas relacionadas con una lubricación inadecuada son responsables de entre el 40% y el 50% de las incidencias en rodamientos.
Estas cifras demuestran que la lubricación no debe tratarse simplemente como una actividad de rutina. El costo real se manifiesta en el reemplazo prematuro de rodamientos, la necesidad de intervenciones correctivas, la pérdida de eficiencia en los activos y el incremento del riesgo operativo.
La falla no termina en el componente dañado: impacta la planificación, la seguridad, la productividad y la confiabilidad de la planta.
Sin embargo, el problema persiste en muchas plantas industriales que ya cuentan con un plan de mantenimiento. Esto sucede porque tener una rutina establecida no garantiza que la lubricación se esté ejecutando con el lubricante adecuado, en la cantidad correcta, con la frecuencia adecuada y con la trazabilidad suficiente para identificar desviaciones.
En este contexto, las fallas pueden tener dos orígenes principales:
Esta distinción es fundamental para el diagnóstico. Si la falla tiene un origen sistémico, reemplazar el rodamiento solo corrige el efecto.
Si el origen está en la ejecución, el plan puede ser el correcto, pero la práctica en campo debe ajustarse, capacitarse y registrarse. En ambos casos, el análisis debe orientarse a buscar la causa raíz de la falla, y no únicamente a reemplazar el componente dañado.
Las fallas causadas por una lubricación inadecuada pueden surgir por diferentes mecanismos: sublubricación, sobrelubricación, contaminación, el uso de un lubricante inadecuado y la degradación del lubricante.
A continuación, se presentan cómo se manifiestan estos modos de falla y qué evidencias ayudan al diagnóstico en el área de producción.
La falla por sublubricación ocurre cuando el punto no recibe lubricante suficiente para mantener la separación adecuada (película lubricante) entre las superficies en movimiento y en contacto.
Sin suficiente película lubricante, se produce el contacto metal-metal.
Este contacto eleva la temperatura y puede generar desgaste adhesivo —cuando dos superficies de dureza similar entran en fricción y ocurre una transferencia de material entre ellas, lo que hace que tiendan a adherirse entre sí—, con una evolución hacia el descascarillado (spalling) y, en etapas avanzadas, la falla funcional del rodamiento.
Las partículas generadas en este proceso incrementan aún más la fricción, el calor y la vibración, alimentando un ciclo que acelera la degradación del componente.
Los sensores IoT pueden indicar un incremento de la temperatura y alteraciones en el patrón vibratorio del componente.
En los rodamientos, el análisis de vibraciones permite realizar el seguimiento de las frecuencias características de defecto, tales como:
Estas frecuencias se asocian, respectivamente, a fallas en la pista interna, la pista externa, los elementos rodantes y la jaula.
El análisis de aceite complementa este diagnóstico y puede indicar un contacto anormal entre las superficies cuando hay un incremento de partículas metálicas, una concentración elevada de hierro o un exceso de partículas de desgaste.
Dynamox también cuenta con integración a tecnologías de análisis de aceite, lo que permite cruzar estos datos con las señales de vibración y temperatura ya monitoreadas.
La falla por sobrelubricación ocurre cuando el punto recibe más lubricante de lo necesario para operar de forma adecuada.
Esto puede suceder al aplicar una dosis mayor que la recomendada o al relubricar con una frecuencia superior a la necesaria.
Otro factor que contribuye al exceso es la falta de limpieza del lubricante antiguo: sin retirar el excedente, cada nueva relubricación tiende a acumular aún más volumen no deseado.
El exceso de grasa puede incrementar la presión interna en el alojamiento y provocar el churning: cuando el volumen de lubricante es mayor de lo requerido, los elementos rodantes comienzan a agitarse y chocar contra este excedente, en lugar de deslizarse sobre una película fina y estable.
Esta fricción adicional eleva la temperatura, acelera la degradación de la grasa y puede comprometer los sellos del rodamiento.

En motores eléctricos, el exceso de grasa puede elevar la presión interna y comprometer los sellos.
Bajo condiciones severas o fallas de sellado, el lubricante puede migrar hacia regiones internas del motor y, según la posición de instalación (por ejemplo, motores verticales), puede contaminar los devanados, contribuyendo a fallas eléctricas con origen mecánico.
Además de los sensores y del análisis de aceite, algunas estrategias específicas ayudan a detectar fallas causadas por exceso de lubricación:


La falla por contaminación del lubricante ocurre cuando partículas sólidas, agua u otros fluidos ingresan al lubricante y comprometen su capacidad para proteger las superficies en movimiento.
En este caso, el problema no radica en la cantidad aplicada, sino en la condición del lubricante que llega al punto de aplicación.
El polvo, las virutas, la arena y las partículas metálicas contaminan el lubricante y favorecen el desgaste abrasivo (cuando una superficie más dura desgasta una superficie más blanda en contacto directo, causando pérdida de material en esta última).
Esta contaminación puede monitorearse mediante el análisis de aceite y el conteo de partículas, con códigos de limpieza como la norma ISO 4406 (norma que estandariza el método de codificación del nivel de contaminación por partículas sólidas en fluidos hidráulicos).
La presencia de agua puede comprometer la viscosidad del lubricante, favorecer la emulsión, acelerar los procesos de corrosión y perjudicar la formación de la película lubricante.
La contaminación cruzada ocurre cuando diferentes lubricantes entran en contacto durante el almacenamiento, la transferencia o la aplicación.
Según la compatibilidad entre los productos, esta mezcla puede provocar una reacción entre los paquetes de aditivos y la formación de lodos (borras).

La falla por uso de lubricante inadecuado ocurre cuando el producto aplicado no cumple con las condiciones reales de operación del componente, tales como carga, temperatura, entorno y material involucrado.
En aceites industriales, la viscosidad suele especificarse mediante la clasificación ISO VG, definida por la norma ISO 3448 (norma que establece el sistema de clasificación de viscosidad para lubricantes industriales líquidos).
Cuando la viscosidad es demasiado baja, la película lubricante puede ser insuficiente para separar las superficies en movimiento. Por otro lado, una viscosidad demasiado alta puede incrementar el arrastre y elevar la temperatura.

La base del lubricante también debe ser compatible con la aplicación y con los materiales del componente. Cuando existe incompatibilidad, el producto puede perder desempeño o generar efectos no deseados en la operación.
Algunos paquetes de aditivos pueden ser inadecuados para determinados materiales. Un ejemplo es el uso de aditivos de extrema presión (EP) con azufre activo en componentes de bronce, lo que puede favorecer la corrosión.
Además de la viscosidad correcta, cada lubricante tiene límites de operación que deben respetarse:
Utilizar un lubricante fuera de estos rangos, como un producto sin resistencia térmica en un rodamiento dentro de un horno, compromete sus propiedades y anticipa la falla.
Por ello, la elección del lubricante siempre debe considerar las condiciones reales de operación del punto.
La temperatura es uno de los principales factores que afectan la viscosidad en operación:
Asimismo, las temperaturas elevadas favorecen la oxidación acelerada (generalmente por encima de los 60–80 °C, dependiendo del aceite), la formación de barniz y depósitos, y la degradación de los aditivos.
La velocidad de rotación también influye directamente en el requerimiento de viscosidad:
Cuando la viscosidad es inadecuada para la velocidad de rotación del activo, el resultado puede ser una película insuficiente (con desgaste adhesivo) o un exceso de viscosidad (con calentamiento por arrastre).
El tipo de carga o esfuerzo aplicado en superficies móviles también cambia el comportamiento del lubricante: una carga más elevada exige lubricantes con mayor viscosidad y aditivos de extrema presión (EP). Sin esto, puede ocurrir la ruptura de la película lubricante o el desgaste por fatiga y micropitting (micropicado).
La falla por degradación del lubricante ocurre cuando el producto pierde sus propiedades durante la operación.
En este caso, el lubricante puede ser el correcto en la especificación inicial, pero su condición se deteriora, reduciendo su capacidad para formar la película lubricante y proteger el componente.
La oxidación es la reacción del lubricante con el oxígeno, acelerada por la temperatura elevada, el agua y los contaminantes metálicos.
Puede formar ácidos y barniz, además de alterar la viscosidad del aceite y bloquear los conductos de lubricación.
La nitración está asociada a la formación de compuestos nitrogenados en el lubricante, especialmente en aplicaciones con combustión o alta temperatura. Este proceso acelera la degradación del aceite y altera su condición química.
El shear, o cizallamiento, ocurre cuando el lubricante sufre esfuerzos mecánicos intensos durante la operación.
En aceites de alta viscosidad, este esfuerzo puede romper las cadenas poliméricas y causar una pérdida permanente de viscosidad, reduciendo la capacidad del aceite para mantener la película lubricante.
Las fallas causadas por la lubricación rara vez ocurren de forma instantánea. Antes de la falla funcional (cuando el ítem pierde su función requerida, causando generalmente la parada o avería), el activo suele presentar señales progresivas que pueden detectarse mediante diferentes técnicas de monitoreo.
Esta evolución puede analizarse bajo la lógica de la curva P-F, la cual representa el intervalo entre la primera evidencia detectable de una falla, denominada falla potencial, y el momento en que el activo pierde su función, denominada falla funcional.

En las fallas relacionadas con la lubricación, la ventana de diagnóstico se puede monitorear mediante una combinación de técnicas, tales como el ultrasonido, la vibración, el análisis de aceite y la temperatura:
Por ello, monitorear únicamente la temperatura puede ser insuficiente para un diagnóstico temprano: cuando el termómetro sube, es posible que el problema ya haya evolucionado.
Cruzar el análisis de aceite, el ultrasonido, la vibración, la temperatura y el historial de lubricación aumenta la capacidad del equipo de trabajo para anticipar fallas.
La tabla a continuación resume los principales tipos de fallas causadas por la lubricación y lo que ocurre en el activo o en el lubricante en cada situación.

En un análisis de fallas mecánicas relacionado con la lubricación, reemplazar el rodamiento, limpiar el alojamiento y liberar el activo puede resolver la parada inmediata, pero no elimina la causa raíz.
Si el equipo de trabajo no investiga qué provocó el daño, la tendencia será repetir el mismo ciclo: nuevo componente, misma condición de operación y reincidencia de la falla.
Por ello, el análisis de causa raíz debe formar parte de la rutina de mantenimiento. En campo, puede comenzar con la siguiente metodología:
Con los resultados obtenidos, el equipo de trabajo debe transformar el diagnóstico en acción: por ejemplo, el ajuste de la frecuencia, la revisión de la cantidad aplicada, el cambio del lubricante especificado, la actualización del POE, la corrección en el almacenamiento o la mejora de la identificación de los productos en el inventario.
Evitar las fallas causadas por la lubricación depende de tres pilares básicos:
Estos tres pilares reducen la variabilidad en la lubricación, pero no eliminan la necesidad de realizar el seguimiento en campo.
Por ello, la estrategia también debe incluir capas complementarias de diagnóstico y control:
Los sensores de vibración y temperatura ayudan a identificar alteraciones en el comportamiento del activo, tales como el incremento de la vibración, el calentamiento o patrones asociados a defectos en rodamientos.
Funciona como un diagnóstico preventivo, indicando la contaminación por partículas o agua, la degradación del de lubricante, la alteración de la viscosidad y la presencia de metales de desgaste.
Estos datos ayudan a confirmar si el problema radica en el lubricante, en la aplicación, en el entorno o en el propio componente.
Debe tratarse como una inversión técnica y no como un costo. El lubricador debe comprender el punto de lubricación, el método, el volumen y el producto aplicado. En este sentido, contar con programas de capacitación y cursos gratuitos de lubricación resulta clave para respaldar este desarrollo continuo.

Asimismo, el PCM y la ingeniería de confiabilidad deben utilizar registros, indicadores y datos de condición para revisar las rutas, los POE, los inventarios y los criterios del plan.
Con esta integración, la lubricación actúa como parte de la estrategia de confiabilidad de la planta, reduciendo las reincidencias y mejorando la capacidad de diagnóstico antes de que ocurra una parada no programada.
El diagnóstico debe cruzar evidencias del componente, del lubricante y del historial de ejecución.
En la práctica, el equipo de trabajo debe verificar si existen marcas compatibles con una lubricación inadecuada, tales como desgaste, descascarillado (spalling), decoloración por calentamiento, daños en los sellos, presencia de contaminantes o señales de falta o exceso de lubricante. El análisis de aceite puede indicar partículas metálicas, agua, alteración de la viscosidad, degradación del lubricante o metales de desgaste.
Asimismo, es necesario revisar el historial de la ruta de lubricación: la frecuencia aplicada, la cantidad utilizada, el lubricante especificado, retrasos, puntos ignorados y registros de ejecución. Cuando esta información señala desviaciones en la lubricación, el equipo de trabajo cuenta con una base sólida para asociar la falla al proceso y definir la causa raíz antes de reemplazar el componente y liberar el activo.
No existe una única señal temprana que sea válida para todos los activos. En muchos casos, los primeros indicios se manifiestan como una alteración en la condición del lubricante, un incremento de la fricción o cambios en el comportamiento dinámico del equipo.
Por ello, técnicas como el análisis de aceite, el ultrasonido, la vibración y la temperatura deben evaluarse en conjunto. La falla por sublubricación puede evolucionar hacia un incremento de la temperatura, alteraciones en el patrón vibratorio, desgaste adhesivo y descascarillado (spalling). Sin embargo, cuando el calentamiento ya es evidente, el daño mecánico podría encontrarse en una etapa más avanzada.
El análisis de aceite ayuda a identificar si el problema está relacionado con la contaminación, la degradación del lubricante o el desgaste del componente. Esta técnica puede indicar la presencia de agua, un conteo elevado de partículas, metales de desgaste, alteración de la viscosidad, oxidación, nitración y la degradación de aditivos.
De este modo, el análisis de aceite complementa la inspección mecánica y los datos de monitoreo, haciendo que el diagnóstico sea más preciso.
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